Hoy estoy crítica

Mucha pista. Poco baile.
Muchas respiraciones. Poco aire.
En mi cabeza danzan bailarinas de striptease que se enfadan
porque no les meto billetes en los tangas;
lo siento chicas, pero estoy tiesa.
Mucho idiota para un mundo tan pequeño.
¿Dónde me puedo esconder?
Siempre darán conmigo.
Mucho alcohol. Poco hígado.
Mucho humo para tan jodidos pulmones.
Demasiado egoísmo para compartir las migajas de tu triste condición humana;
vete y no me hables,
ni me dirijas la mirada,
no tengo ganas de tener que devolverte el saludo.
Mucha tontería veo yo aquí
y si no existe… nos la inventamos porque somos tontos de remate,
nos gusta comportarnos como tales.
Mucho alcohol, repito, para tan poca juerga.
Mucho artista para tanto escaparate;
qué hipócrita,
qué falso,
cómo huele a mierda.
Estoy crítica, ¿qué queréis, que calle,
que me conforme,
que baile?
Lo mío nunca fue el ritmo de las discotecas,
más bien de las barras de bar donde mucho alcohol
para tan pocas ganas de juerga.
Yo soy de las que bailan en la cama,
en la oscuridad,
en la intimidad para que nadie copie mis pasos.
Mucho encontronazo para tan poco encuentro.
Mucho separatismo para tan nula unión.
Mucho intelectual para que luego todo sea tan absurdo.
grito_mujer_2012

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Anatomía

Echo de menos que te enredes por mi pelo,
por mis piernas de alambre,
tu lengua de fuego entre mis dientes de yeso.
Escribe con tu tiza en mi pizarra de sal
y lame de mí los llantos,
las quejas y excusas;
escúpelas.
Bebe de mi carne y extrae el néctar de esa flor
que se te abre como si fueras la primavera.
Echo de menos que te rías,
que me hagas reír,
que te haga reír,
que se contagie el aire de carcajadas
y le entren ganas de tirarse al suelo
y mearse encima.
Me gustas.
Me encantas.
Me fascinas.
¿Por qué no decirlo?
Ya no tengo que esconderlo…
No hay motivo.
No hay vergüenza.
No hay sentimiento de pérdida de orgullo.
No hay miedo a quedarme sola sintiendo todo esto.
Expresar los sentimientos no te hace vulnerable,
a ver si ya lo voy aprendiendo…
Echo de menos el otoño en tus pestañas,
el viento bailando por tu boca siempre pegada a la mía,
tener que quitarme tus ojos del cuerpo,
los que me lanzas y se adhieren a mis recovecos
sellando toda grieta.
Y el reloj ha vuelto a convertirse en ese al que más odio;
detestable se me hace su mal funcionamiento.
¿Por qué lo haces así, joder?
A ver si tú aprendes a detenerte cuando te tienes que detener
-ahora no es momento.-
Echo de menos sentir tu peso,
hacerme hueco bajo tu brazo como un animal asustado,
llenarte los dedos con los jugos del placer.
Por tu culpa me estoy volviendo una romántica,
¿qué le vamos a hacer?
Aunque he de decir que suelo serlo aunque me cueste mil reconocerlo
-otra vez la sensación de pérdida de orgullo
que me hace pensar que soy una vulnerable gilipollas.-
Me callo.
Mantengo silencio.
En mi mente, para mí misma, me digo “¡Shhh!”,
pero no tengo por qué hacerlo,
no tengo que detenerme si realmente no quiero,
ya se me han estropeado los frenos y no me importa en absoluto.
Y echo de menos olerte después de haberte tenido entre mis muslos,
acercarme a ti y que se pegue tu sudor a mi sudor,
tu lengua cansada, pero al mismo tiempo insaciable,
otra vez a mi boca,
tu anatomía al mapa de la mía de la que ya te has aprendido el camino.
Noticia-128411-sexo-casual-en-pareja

Qué Ass-co

Arden bosques bajo los ojos llorosos de un mundo que no alcanza a comprender lo qué se ha hecho con él, de él.
Corre cervatillo, huye de las llamas que están destruyendo un futuro que parecía ser tuyo, en el cual corrías por entre los árboles, saltabas en los charcos, te alimentabas de la verde hierba y de un aire que ahora huele a tristeza, a pesadumbre, a rabia. Todo ha terminado para ti demasiado pronto, lo siento. Y te pido perdón no porque yo sea culpable de esto, sino por pertenecer a la misma raza de aquellos que sí lo son. De veras que lo siento.
No entiendo. No comprendo. Me duele. Me enfada. Os cogía a todos los culpables, causantes, a los que evadís el problema, a los que hacéis de él un circo como si, realmente, os importara lo que está sucediendo, y os metía en pleno apogeo; olor a carne quemada… ¡Vamos chicos, es hora de comer! La barbacoa ya está lista.
Pan y circo, sí, ese es nuestro país, el que se preocupa más por separarse que de mantenerse unido.
Quizá soy demasiado intensa, sensible, sentida, y pierdo las ganas de continuar atada a todo lo establecido, a lo que se considera correcto. No tengo por qué complacer a nadie, actúo según el camino que, cada día, quieran emprender mis zapatos. Hoy me he parado, me he bajado de la bola del mundo (me estaba mareando) y he decidido fusionarme con el colchón. Que me besen, acaricien o escupan sus ácaros, me da igual. Quizá esté equivocada y no hago más que cometer siempre el mismo error, pero prefiero esta intensidad sensible y sentida que adaptar el comportamiento de eterna conformista que calla, agacha la cabeza y pone el culo.
Veo injusticias en cada acto, hipocresía en un mundo que dice ser tolerante, libre, respetuoso y sincero. El arte da asco. Los artistas dan asco. Si te crees más que yo… das asco. El mundo de los artistas que sólo se preocupan del tecnicismo, del halago, de ese ego que me pisa el pelo cuando estoy tirada en el suelo porque me cuesta levantarme o porque, desde ahí, mirar hacia el cielo y contemplar las estrellas se me hace más fácil, más pleno…, da mucho asco.
Hoy me lío y despotrico mientras galopo como un potro loco, desbocado y salvaje que al minuto se cansa de tanta locura, desbocamiento y salvajada y se tira en el primer charco de barro que ve para en él revolcarse y acabar convirtiéndose en cerdo.
abuela que te den b&w

Réquiem por un sueño

Abrí la puerta gris y ahí estaba ese sueño, rompiéndose en mil pedazos. Sesgado deseo que se agazapaba en la única esquina de aquella habitación de tan extraña forma. Un triángulo perfecto que encerraba a una ilusión que recogida en sí misma, lloriqueaba quejas, excusas, picores de ojos y de nariz.
“¿Por qué pataleas tanto?”, le pregunté. “¿A qué se debe este drama?”. Me miró de soslayo, como si, de repente, no hubiese en él más que odio. Pero no contestó, limitándose a un resoplido profundo que se perdía entre las vértices de aquel extraño y perfecto triángulo.
Con el pomo de la puerta aún agarrado, me mantenía quieta observando cómo se desvanecía aquel sueño; era un trocito de hielo que iba empequeñeciendo a una rapidez vertiginosa, convirtiéndose en agua que se colaba por entre los dedos de mis pies desnudos y adornando mis uñas con las perlas transparentes de aquel llanto.
Impotencia. Pena. Compasión y, a la vez, una rabia incontenible que me daba bocados a la paciencia.
“¡¿Pero qué te pasa?!”, “¡¿Quieres explicármelo de una vez?!”. Otro resoplido que brotó aún más fuerte desde el fondo de su garganta líquida ya besándose con el suelo; tan, tan fuerte que me golpeó de lleno en el pecho y me hizo caer. Creí escuchar la rotura de algún hueso, pero lo que se oyó crujir fue mi ego, la pérdida inevitable de orgullo al pensar que podría controlar cierta situación y, al final, conseguiría que ese sueño volviese a solidificarse para así mantener firmeza, salir del triángulo y echar a andar con decisión, envalentonándose al mundo, a la vida, a la gente, a la serie de catastróficas catástrofes que se presentan sin avisar. Hay que estar siempre preparada.
Aún así, este sueño se dejó pisotear por una incompetencia que ni siquiera le pertenecía, por un ego estúpido que no le llevaba más que a estrellarse rompiéndose todos los dientes, por su egocéntrica manía de pensar que todo cuanto hacía le salía mal sin pararse a pensar que quizás y, lo más probable, era no haber alcanzado, ni tan siquiera rozado un mínimo, requerido, necesario y obligatorio esfuerzo.
¿Era culpa de aquel sueño sentirse absurdo e inútil? ¿Era culpa suya pensar que ya no podría conseguir que se cumpliesen sus deseos? No, la culpa era mía por haberle cerrado la puerta antes de tiempo. Así que sal del triángulo aunque sea arrastrándote, ya encontraremos el momento de colocarte unas piernas firmes y hacerte caminar para empezar; el siguiente paso será alzar el vuelo.
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Murmuro

Murmura el corazón sandeces,
estúpidas coincidencias que aún no han tenido lugar.
Un murmullo de seducción que se cuela en los recovecos
de entre las piernas (abiertas),
en un pensamiento tan estúpido como es el seguir anclada
a este puerto.
Mírame y dime si ves algo de lógica en todo esto…
En las aspas del reloj he vuelto a quedarme colgada,
pendo sujeta de una sola mano,
quizás decida que ya es hora de lanzarme al vacío.
En la arena del reloj me he quedado atrapada,
tan sólo me queda un hilo de voz,
pero es posible que me obligue a callar;
me reservo también el último grito.
Murmura el alma libertades hambrientas.
saul-leiter-jean-pearson-1948

Rumiendo amaneceres

Rumiendo amaneceres quebrantajosos,
quejosos,
tan pegajosos que se adhieren a las muelas y al paladar.
Mordiscos de sucia lengua sangrante,
de serpiente
escurridiza culebra,
persona entrometida y quisquillosa.
De ti beberé,
daré un sorbo tras otro
hasta que acabes desvaneciéndote entre mis brazos.
Tomo de aquí y de allí,
picoteo de lo que me interesa,
de aquello que considero que puede dejarme un buen sabor de boca
aunque siempre acabe equivocándome.
Se balancean en mi pecho las ansiadas ganas,
la impaciencia tan viva,
la paciencia tan muerta.
¿A qué sabrá la nieve derritiéndose en tu ombligo?
¿A qué sabrán tus besos derritiéndose conmigo?
Rumiendo anocheceres cansados,
también quejosos,
dolorosos y solitarios,
tan fríos y distantes
que se desprenden de mi cuerpo.
siluetas-femeninas-desnudos-fotos-artisticas-mujeres_08

La hoja de reclamaciones, por favor

Solo reclamo lo que me pertenece, pero… ¿qué es? Ni siquiera yo lo sé…

No, no te mientas a ti misma,

no te pertenece nada.

En mis nudos mentales me lío,

me deslío, trepo por ellos

para volver a liarme.

Y ahí me balanceo mientras atisbo las grietas internas por las que se me filtra el agua;

lloro,

se me mojan los pies.

Nadando entre desvaríos superfluos;

se me hunden las claridades

y me aferro a los tablones dudosos que han sobrevivido al naufragio de los pesares,

las conjuntivitis emocionales

y las mil y una mierdas en las que, de manera inacertada, acabas regocijándote.

El ser humano hace difícil lo fácil,

complejo lo absurdo.

A veces no sé dónde posarme,

en qué tramo del camino pararme a coger aire

supongo, simplemente, que he de pararme cuando sienta que me falte…-.

Solo reclamo aquello que no te digo,

lo que me guardo entre las paredes del estómago,

mordiéndome entre latido y latido.

Solo reclamo aquello que ni siquiera sé si es mío…